“Sin Chapa Adriana”

La Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) fue un organismo político – militar que tomó forma de policía secreta durante el régimen de Augusto Pinochet en Chile entre 1973 y 1977, aunque sus vestigios aún se reconozcan en algunas facetas contemporáneas. Fue la DINA responsable de innumerables casos de violaciones a los derechos humanos, desde la infiltración política hasta el secuestro, la tortura y el asesinato. Se estructuró desde un inicio como un órgano ajeno a cualquier control institucional y sólo obedecía órdenes directas del General Pinochet, siendo sus funciones primordiales los operativos en contra del partido comunista y todos sus presuntos asociados, sobretodo durante los estados de excepción que, paradójicamente, se prolongaron durante todo el período de aquél gobierno.

Los agentes de la DINA fueron entrenados por Estados Unidos en la Escuela de las Américas para organizar una campaña de represión en contra de los amigos personales del presidente socialista electo Salvador Allende, el Movimiento de Izquierda Revolucionario, el Partido Socialista y el Partido Comunista. Asimismo llevaron a cabo la restricción de los medios de comunicación libres que se oponían al Régimen, así como también cualquier material considerado subversivo como los libros del poeta Pablo Neruda, los textos de ciencias sociales, políticas y de derechos humanos que fueron quemados en la plaza de la Remodelación. El acto más atroz de este organismo fue la tortura, el secuestro, el asesinato y la desaparición de los detenidos políticos en el marco de la ahora reconocida Operación Cóndor, tutelada por la CIA y cuyo fin era la anulación de los movimientos comunistas, marxistas y de izquierdas en todo el cono sur del continente.

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Cada uno de los agentes se hallaba bajo entrenamiento estricto incluyendo el desarrollo de una multiplicidad de identidades que les permitían el tránsito y el cumplimiento de asignaciones que debían mantenerse en secreto. Muchos de ellos salieron a la luz con la llegada de la Democracia en los años 90 y con la publicación del Informe Hinchey en el año 2000, dando pie al inicio de los procesos judiciales que buscan sanar una herida tan profunda en la conciencia colectiva chilena y en la memoria histórica latinoamericana.

Pese al olvido y a la caducidad acelerada de los procesos históricos, característicos del siglo XXI, las nuevas generaciones chilenas no olvidan, o se niegan a olvidar, lo que ha marcado la reestructuración de su sistema social y lo que han heredado de sus antepasados: bien sea el reproche eterno a la Derecha política consumada y respaldada por quien terminó siendo Senador Vitalicio, Augusto Pinochet, responsable de tantas pesadillas o, por el contrario, su agradecimiento profundo por salvarles de las garras del comunismo y haber convertido a Chile en una franquicia del capitalismo salvaje. En resumidas cuentas, el país aún se halla separado en dos bandos políticos e ideológicos que siguen determinando el quehacer social e intelectual de sus ciudadanos.

Entre ellos también se encuentran los artistas, quienes marcan su trayectoria desde la tradición de Violeta Parra hasta las intervenciones contemporáneas de Alfredo Jaar, y quienes han mantenido vigente el discurso impugnador por la conciencia política. Las nuevas generaciones no se quedan atrás: tuve el gusto de conocer a Lissette Orozco, una guionista y docente audiovisual que es el ejemplo más palpable de la realidad dividida a la que pertenecen estos jóvenes. Tras haberse criado en un hogar claramente de derecha, Lissette admiró durante su niñez y su temprana vida adulta a su tía Adriana, “Channy”, su “tía del extranjero”, esa tía que llegaba caminando en tacones, y que transformaba la vida del hogar en torno a su visita, rodeada de regalos y anécdotas de una vida diferente. Lisset mantuvo una correspondencia fluida con Adriana durante mucho tiempo, entablando una amistad especial y siendo ella la fuente del cariño que no hallaba en su madre.

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En el año 2007, acompañando a su tía al aeropuerto como era costumbre y tras despedirse, agentes especiales de la policía le interceptan para interrogarle y le impiden su salida del país. Tres semanas después Lissette se traslada con su familia a un edificio de reclusión donde tenían detenidos a presuntos colaboradores del gobierno de Augusto Pinochet que se hallaban en trámite judicial y donde se encontraba su querida tía Adriana. Ante la duda, las preguntas y las incógnitas, la familia llega a la conclusión de que como “Channy” había trabajado para la Fuerza Aérea de Chile (FACH) pues quizás por ello estaba siendo investigada, pero al llegar al centro de detención supieron que para quien realmente había estado trabajando Adriana era para la DINA.

“Si bien mi familia siempre ha sido de derecha, yo siempre fui más rebelde y me gustaba investigar, saber lo que realmente pasaba, y yo sabía qué era la DINA, quizás no como lo sé ahora, pero entonces sabía que era algo nefasto, un muy mal recuerdo. En ese momento estudiaba cine y por impulso empecé a grabarlo todo, ¿para qué? No tenía idea, pero empecé a hacerlo”.

Tiempo después Lissette volvió a visitar a su tía con cámara en mano, y empezó a hacer preguntas puntuales: ¿para quién trabajabas? ¿qué es la DINA? Adriana le comentó los beneficios que representaban trabajar para una institución del gobierno en aquella época, la libertad y la seguridad, sobretodo para una joven de 19 años que destacaba estudiando secretariado bilingüe y que soñaba con vivir afuera, siendo estos sus argumentos frente a la oferta de la captación de la FACH para trabajar en la secretaría de la Fuerza Aérea. “Me empezó a contar lo maravilloso que era trabajar allí, cómo había ascendido hasta ser la secretaria de Burgos”. (Alejandro Burgos de Beer, hombre de toda confianza del jefe Manuel Contreras, su ayudante directo y pantalla de la DINA en la sociedad “Pedro Diet Lobos”, y quien tenía tareas de responsabilidad en orden y seguridad en las zonas de Peñalolén y la Reina, en Santiago).

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“¡Pero cuando le pregunte por las violaciones a los derechos humanos! ¡Ya! ¡Qué maravillosa fue la DINA! Te vestía entera y podías viajar por todo el mundo. Mi tía fue guardaespaldas de la hija de Pinochet, por ejemplo. Si yo le preguntaba por Manuel Contreras, que todos sabemos quién es, ella me decía ‘No, él era un buen hombre’. Así me lo contó y así lo vi por primera vez. Me contaba sobre los cursos de maquillaje que hacían ‘tenía que poner tu cara en mi cara’, me decía; cursos de tiro al blanco, de inteligencia, de contrainteligencia, etc”.

En un segundo encuentro Lissette le propone a su tía realizar un documental sobre su historia, advirtiéndole desde un principio que no garantizaba limpiar su imagen con el resultado, pero que quería saber la verdad sobre algo tan cercano y tan revelador para una joven chilena. “Yo sólo quiero saber quién es mi tía Channy”. Desde entonces se encontraban una vez al mes hasta que la rutina se vio interrumpida por un accidente que sufrió Lissette en el 2010. Dos meses después, tras empezar a reaccionar por el fuerte traumatismo en la cabeza, se entera que su proyecto fue seleccionado para ser vendido al público como un documental pero que su tía Adriana ya no estaba en Chile.

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“En la última entrevista le pregunté a mi tía que qué quería hacer ahora, tras estar detenida desde el 2007 aún su caso seguía abierto y estaba siendo juzgada junto con 72 personas más, me dijo que su vida estaba en Australia, su casa y sus rutinas, me dijo que no se quedaba en Chile, me dijo que se escapaba”. Finalmente lo logró, sin saberse aún cómo. Pero fue en la víspera de los 40 años de la dictadura en Australia, que Adriana fue contactada para que contara cómo había sido su experiencia en la época, repitiendo frente a un periodista las respuestas que le había dado a su sobrina pero sincerándose aún más, llegando a justificar la tortura. Las reacciones de los chilenos radicados en Australia fueron de repudio y rechazo, marchas y manifestaciones en contra de Adriana se hicieron eco en el mismo Chile, apareciendo en varios periódicos y finalmente logrando que se solicitara su extradición.

(http://www.memoriaviva.com/criminales/criminales_r/rivas_gonzalez_adriana_elcira.htm)

Frente a la necesidad de clausura y cierre de un proceso personal y profesional Lissette Orozco ha conseguido el financiamiento para trasladarse a Australia y terminar su documental gracias al Tribeca Film Institute. “No tengo idea de cómo va a terminar la película, eso lo voy a vivir, me imagino algunas cosas y es lo que he ido estructurando en el guión, pero por lo demás no puedo ni asegurarlo, voy a pasar un mes encerrada con mi tía, alguien a quien quiero mucho pero que es un ser muy complejo”.

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La divergencia entre las ideologías con las que comulgó Adriana Rivas y la realidad que forjó para jóvenes como Lissette Orozco es muy aguda y representa una realidad que ha filtrado la barrera porosa de las disciplinas, dando como producto la colaboración entre la producción documental y el proceso individual y creativo de una artista visual que se ha volcado completamente en una búsqueda personal al filo de las disputas políticas e ideológicas más contundentes de finales de siglo XX en Latinoamérica.

Para ver el tráiler y la campaña del documental Sin Chapa Adriana:

https://www.indiegogo.com/projects/documental-sin-chapa-adriana