Zona de Contacto: Omar Pérez

Omar Pérez Rosales (Lima, 1990) es un creativo audiovisual enamorado de la fotografía digital y de las narrativas visuales documentales. Con una formación audiovisual en la Universidad San Martín de Porres de Lima, aterrizó en Barcelona con “la misma excusa que tenemos todos” de estudiar y especializarse en la creación y producción documental.

Nuestro encuentro es bastante informal pues compartimos amigos y nos reímos ante el avatar de habernos cruzado hacía dos noches en una de esas plazas del centro donde todos terminamos tomando cerveza a un euro, sin saber que él era el artista que estaba buscando para mi nueva entrada y que me habían recomendado hacía meses. En un café de esquina, dándole la espalda a la bulliciosa calle, hablamos de todo y de nada, yo me asombro con su cabellera a lo Jimi Hendrix y de la sencillez de sus gestos mientras él me relata cómo sin saber exactamente lo que quería, dio con los estudios de cine y se enamoró desde el primer encuentro.

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Su primera experiencia fue a través de un gran amigo con quién se integraría al proyecto Nómadas, una asociación de cine itinerante donde aproximaban la cultura cinematográfica de manera gratuita a las zonas rurales en el Perú y en Suramérica. “Nos íbamos con una Air Screen de siete metros y montábamos una sala de cine en lugares donde el cine comercial no llega, donde la gente está acostumbrada a ver contenidos televisivos que son una mierda. De siete canales de señal abierta cinco o seis te pasan pura mierda y uno sólo se puede salvar, el resto son programas que te distraen de lo que está sucediendo a tu alrededor”. Junto con esas proyecciones también se hacían talleres de cine documental en las zonas rurales. Al mismo tiempo ha ayudado a fundar Umano, un proyecto para la difusión del arte emergente y que ha traído a Barcelona consigo, para realizar una edición en otro territorio.

Gracias al proyecto Nómadas colaboró con otro programa llamado Cine en Las Fronteras que proponía juntar chicos de dos países fronterizos y organizarlos en equipos de trabajo que debían crear su propio documental en dos o tres semanas. Los talleres constaban en la docencia sobre el uso de la cámara y el aprendizaje sobre los lenguajes audiovisuales. “Para mí éste ha sido uno de los mejores proyectos en los que he estado, porque no pretendías crear arte para ti, arte para artistas, sino arte para la gente, ¿para qué? Para que tengan una ventana de difusión, de expresión, donde puedan hablar de los problemas de sus comunidades”. Varios de esos documentales fueron enviados a festivales en Latinoamérica, y uno de ellos fue seleccionado para una beca en la Escuela de Cine de Cuba. Omar forma parte del equipo de difusión, llevando el producto de sus viajes a zonas capitales para comunicar y reflexionar sobre lo que sucede en las comunidades más alejadas. Con tristeza me cuenta cómo en el mismo Perú la mayor parte de la sociedad es “turista en su propio país” y desconocen de manera abismal lo que sucede más allá de Lima. “Aún cuando viajan a Machu-Pichu y se toman fotos tipo postal, creo que ninguno de ellos sabe que en Perú hay 47 dialectos reconocidos, 47 formas distintas de ver la vida, la muerte, el llanto”.

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Omar critica desde la raíz el aislamiento de las grandes capitales, fomentado por el consumismo agresivo y la comodidad relativa de las urbes, y el complejo autómata del individuo que no se cuestiona, que no indaga y que se estanca en una vida de hábitos quejumbrosos. Cuando le pregunto por la cultura histórica en su país, uno de los territorios más antiguos y profundos en la historia precolombina latinoamericana, me responde que actualmente está muy dejada de lado: “Se ha perdido la identidad; aquello de lo que tanto nos enorgullecemos, que tanto vendemos al extranjero para que venga a visitar el Perú… la gente no tiene ni idea. Con decirte que el Quechua y el Aimara son lenguas oficiales, pero cuando un niño habla en Quechua o una persona se viste tradicionalmente como en la Sierra en una ciudad como Lima, son discriminados por ser indígenas, catalogados como algo inferior socialmente y hace que la gente no quiera hablar el Quechua”.

Frente a la preferencia política por el inversionista extranjero que viene en búsqueda de recursos minerales, el indígena y el proceso de identidad en las zonas rurales peruanas ha pasado por fases de alienación y la desterritorialización del estado peruano ha sufrido la metamorfosis típica de las revolución industrial, petrolera y metalúrgica que se sucedió en otros países latinoamericanos durante el siglo pasado, culpándosele posteriormente al proceso globalizador por la pérdida de la identidad aborigen y la cultura tradicional latinoamericana. Cuando indago con Omar sobre ese equilibrio ideal entre la prostitución del capital y el extremismo folclórico de propaganda (haciendo un guiño a lo que sucede en Venezuela gracias al gobierno autocrático de turno), me responde que todo se fundamenta en la educación desde la raíz, no sólo la educación escolar típica sino aquella que parte desde un esquema de valores que no disminuya al aprendiz sino refuerce su compromiso con el aprendizaje.

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¿Por qué dejar el Perú, entonces? ¿Por qué Barcelona? Al igual que muchos tantos estudiantes latinoamericanos la necesidad de ver más allá de las fronteras convenció a Omar de viajar y complementar su formación en el viejo continente, aún cuando la imponencia del cemento le haya hecho cuestionárselo más de una vez durante sus primeros meses. Con el tiempo ha aprendido no sólo a comparar su punto de vista y sus encuadres con los de otros colegas, sino se ha dado cuenta de lo importante que es el aislamiento para la fortificación de la identidad como originaria y en proceso de transformación. Actualmente convive entre su piso y una casa ocupada por músicos en el centro de Barcelona mientras rueda un documental sobre la potencialidad de los espacios sin ánimos de reivindicar al Okupa sino en la búsqueda de una reflexión sobre la territorialidad y la creatividad.

“Pillar un vuelo desde aquí a África es mucho más sencillo que desde Lima. Aún tengo mucho por aprender y es lo que quiero seguir haciendo. Ver, observar, aprender, cuestionarme cosas a través de la herramienta que tengo que es el audiovisual… el mundo es muy amplio”. Finalmente le pregunto qué le recomendaría a un joven que quiere aprender a observar y a narrar a través de un objetivo; su respuesta es sencilla: “Que viaje. En un salón de clases vas a aprender un montón de cosas, sí, pero lo que es la vida, la realidad del mundo, la vas a aprender hablando con las personas”. ¿Volver al Perú? “Claro que sí. Pero no voy a volver con mis fotos y a mostrar mi trabajo ni nada de eso, voy a generar proyectos, a generar cultura, a crear algo por y para los demás”.

Omar Pérez es la figura del creador visual del que hablaba hace tantos años Benjamin: un autor que produce diálogos y reflexiones en torno a la realidad que pareciera incólume y al mismo tiempo devoradora, una realidad que necesita ser cuestionada y transformada por los individuos que la viven. Pueden ver su trabajo aquí y echarle un ojo a su proyecto actual, por aquí.

1 Comment

  1. tote :)

    En estas épocas y desde hace ya un tiempo donde el consumismo abrumador nos instala en un lugar “obligado” para surgir o estar bien, siempre es gratificante encontrar a personas que nos jalen aunque sea por un momento a un lugar donde el simple hecho de mirar al cielo te haga pensar y cuestionar tantas cosas que existen y que no nos damos tiempo de averiguar para enriquecernos como seres humanos.

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