La Forma en la No Forma: Destrucciones Fotográficas, Por Victoria Baraga

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Empecé a estudiar fotografía en el 2007, después de idas y vueltas con otras carreras que empecé y no terminé. Era la primera vez que me dejaba hacer lo que quería, así que en ese momento se sentía como una revolución.

El primer año lo conocí a Guille, que fue el responsable de mi fascinación por el proceso analógico. Bioquímico y fotógrafo, con pinta de científico salido del siglo XIX no hizo más que acaparar toda mi atención. Definitivamente despertó mi curiosidad por querer saber qué era lo que pasaba detrás de todo ese proceso y esa búsqueda abrió camino a la experimentación. Pero después todo se puso muy solemne (y la solemnidad y yo no nos llevamos muy bien que digamos). Todo ese juego fue sustituido por conceptos. Fue como salir del jardín y entrar al colegio, había reglas, formas de cómo debían hacerse las cosas y sin saber por qué, en ese momento me apagué. En ese caos mental (que el día de hoy recuerdo con ternura) volvió a aparecer Guille y fue ahí donde nos hicimos grandes amigos.

Los años siguientes fueron una búsqueda por definirme y lo recuerdo como estar siempre en tensión. Todo pesaba y era complicado. En ese mismo tiempo comencé a dar talleres de fotografía analógica en mi casa y volví a conectarme con cosas que había dejado atrás. Al enseñar aprendí y lo que es fundamental, me divertí.

En 2013 un evento inesperado me obligó a dejar de hacer todo lo que venia haciendo. Todo lo que había construido se desintegró y lo que en principio fue devastador significó luego una liberación. Todo lo que le siguió a eso fue como un efecto dominó, aceptar un cambio, generaba otro y así. Ese mismo año tímidamente comencé a hacer música, impulsada por personas que lo hacían de una manera que sentía familiar. Fue como reconectar con algo que siempre había estado en mí, pero que no me animaba a sacar.

La improvisación le ganó la pulseada a la planificación y el sentir al pensar. Las cosas comenzaron a ser cada vez más simples y me dejé llevar. La forma de hacer música transformó la forma de fotografiar y viceversa. Comprendí que no hay divisiones y que todo es parte de lo mismo. Hoy me siento atraída por lo inesperado, por todo lo que muta, por la forma en la no forma, lo que permanece oculto, etc. La fotografía siempre significó para mi lo opuesto (o al menos es mi manera de encararla) así que me parece natural la transformación. Incluso ya no veo a mis imágenes como fotografías (aunque siga trabajando sobre el mismo soporte). Ni sé como llamarlo cuando me preguntan, así que a veces uso la palabra destrucción.

Actualmente estoy trabajando sobre negativos 120, desintegrando la emulsión químicamente. A veces destruyo todo hasta que no queda rastro de la imagen original y otras veces mantengo algo. Todo es muy random, lo decido en el momento o el azar decide por mi. A veces uso acuarelas o tinta china y me pongo a pintar sobre las manchas, otras veces me pongo a rayar o pongo cosas en contacto para que generen texturas. Siempre va mutando. Me gusta encontrar formas en las manchas, me gusta verlos como un paisaje mental.

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Para éstas imágenes partí de autorretratos que hice en 2013, que en su momento descarté por ser ¨malos¨ y ahora destruí para crear algo nuevo. Las elegí porque considero que representan bastante bien la belleza del proceso de la transformación, la muerte y el nacimiento en continua relación.

Victoria es una fotógrafa argentina que también hace música y video. Su discurso fotográfico no solo abarca la experimentación con la emulsión y otros materiales, sino que también expone a través de su lente los rasgos de la intimidad que le pertenece. Para ver el resto de su trabajo: www.cargocollective.com/victoriabaraga

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